Turistas y hornos (editorial caganchera)

Como es de público conocimiento, un apartamento a la vuelta del Conrad cuesta un huevo de la cara. Quienes allí compran o alquilan pagan por el privilegio de ser reconocidos como privilegiados, y ese privilegio por el cual pagan, en cuanto propiedad privada, debe ser respetado. Quienes veranean en Punta, gustan de caminar por la rambla para distraerse, reconocerse, mostrar que pueden trasladarse sin el uso de sus lujosos vehículos o simplemente para marcar territorio, no orinando, como hacen los perros y los jóvenes a la salida de los boliches de La Pedrera, sino con su simple presencia.

Es indudable que el turismo, importantísima fuente de ingresos del país, se sustenta mayormente en esta zona de la costa esteña. Nadie duda que un viejo que viene a Punta del Este de vacaciones gasta más que un hippie brasilero que va a Valizas a buscar porro. Lo mismo con la generación de empleo, el Conrad emplea cientos de personas, de hecho ya están sindicalizados y hacen berrinches de tantos que son, ¿alguna vez vieron un sindicato en un almacén desabastecida de Rocha? Claro que no.

El otro día por la mañana me disponía a realizar una de mis caminatas matinales junto a un colega finlandés y una colega española que andan por acá de visita. Pasábamos frente al Conrad cuando un espectáculo dantesco interrumpió nuestra charla. Dos oficiales retiraban de un auto a un joven y a una mujer mayor que mantenían relaciones sexuales dentro del coche, luego la prensa local confirmaría que tenían 23 y 49 años respectivamente. La mujer ya se encontraba dentro de la patrulla y el joven salía del auto entrecerrando los ojos y tapando el sol con una mano mientras decía “todavía no acabé” con tono desafiante.

No eran pocos los turistas que se sorprendían por la escena. Y ante la pregunta de mi colega finlandés, si esto era consecuencia de la ley que legalizó la marihuana, respondí que no; que esto era producto de una tremenda crisis que hubo acá en el 2002, que fragmentó a la sociedad toda, llegando incluso a la base de la sociedad: la familia. Mucho divorcio, mucho divorcio; le dije. Eso generó un ejército de solteros y solteras que descarrilaron de las vías de las buenas costumbres, guiados por la tentación producto de la inestabilidad emocional que genera una crisis económica tan profunda.

Este tipo de desviaciones trae coletazos hasta el día hoy. Porque el estupendo viento de cola que empuja el crecimiento de nuestra economía, impulsado por el precio de las comódities generado por la irrupción de china en el mercado mundial, se ve menoscabado por un gobierno proto-comunista o neo-bolche que frena el libre desarrollo del mercado, imponiendo impuestos a quienes llevamos las riendas del crecimiento, para sostener en base a nuestros aportes a quienes quedaron sumergidos en la crisis del 2002, nadando perrito en el medio del océano.

Pero este gobierno, lejos de enseñarles a nadar, les tira salvavidas para que la vayan llevando. Así es como surge el fenómeno de lo que acá, muy originalmente, llamamos los ni ni, jóvenes que ni estudian ni trabajan, un fenómeno que en Finlandia y España no deben ni imaginar, y que en este país se sostiene de tres formas. La primera es a través del estado, que les da tarjetas para que compren lo que quieran en las tiendas y plata a cambio de que sus hijos concurran a bajar el nivel de nuestras instituciones de enseñanza. La segunda es mediante el robo y el narcotráfico, al que ya no saben cómo combatir, porque tienen menos mano dura que la maestra buena de chiquititas, y por eso inventan cosas como la ley de la marihuana para llenar el ojo. Y por último, esto que estamos viendo, borregos que se levantan veteranas que vienen arrastrando la soltería desde la crisis para sacarles unos mangos o para que directamente los mantengan.

De nada han servido las quejas de los vecinos. Se siguen votando leyes libertinas, y nada se hace para evitar las escenas pornográficas en la vía pública que ya llegan hasta nuestro principal balneario. Este gobierno sabe muy bien lo que buscan los turistas que vienen a Punta del Este, pero hay ciertos sectores de la izquierda que sienten rencor y envidia hacia las clases altas, y traducen eso en forma de desprecio hacia sus símbolos, aunque esa actitud le salga carísima al país. ¿Será posible que unos cientos de alzados condenen a la ruina, la quiebra y el ostracismo a una de las principales fuentes de empleo y riqueza del Uruguay?

Diego Richer

Sátira a:
http://www.elpais.com.uy/opinion/turistas-planchas.html

Inspirado en:
http://www.fmgente.com.uy/noticias/fuego-pasin-llev-comisara-28404.html

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Semejante bandera

En los últimos años me he encontrado varias veces discutiendo si el Frente Amplio era principalmente una coalición o un partido. Yo creo que el Frente Amplio es antes que nada un partido. Porque tiene estructura de partido, porque tiene un programa único, porque tiene identidad y simbología propia, porque tiene líderes y referentes históricos propios, pero principalmente porque no es una simple coalición electoral. Porque los sectores que integran el FA entienden al FA como proyecto político de unidad y no como un sistema de alianzas para superar a un enemigo común.

En este momento se están celebrando las elecciones internas de cara a las elecciones nacionales 2014, yo me encuentro en mi casa descansando, reflexionando y esperando para ir a votar y luego volver al local de votación en el que soy delegado para estar presente durante el escrutinio de algún circuito. Bien temprano en la mañana, junto con Mauricio De Rosa, Diego Campoy, Cecilia Artagaveytia y Mariangel Pacheco, fuimos los encargados de abrir los circuitos de votación del liceo Juan XXIII como delegados de las bases del Frente Amplio. Nos tocó registrar y ordenar en las mesas las más de 100 listas, entre nacionales y departamentales, que se presentaron bajo el lema Frente Amplio en Montevideo. Por un lado poníamos las de Constanza; por otro las de Tabaré para facilitar la tarea a los votantes. Fue un trabajo difícil porque ocupamos mucho espacio y por alguna razón extraña la corte armó las mesas adentro de los salones, dejando un espacio bastante reducido para los cuartos secretos. No faltaron los delegados de otros partidos que se quejaron de que acaparábamos demasiado espacio en los cuartos secretos. En las primeras dos horas vimos pasar a decenas de delegados de otros partidos. Partidos que presentaron en la elección más listas que el Frente -de hecho el partido Nacional presentó en Montevideo más del triple de listas que el Frente Amplio-. Pero en los cuartos secretos la mayoría de las listas siguen siendo frenteamplistas. De todos esos delegados ninguno era delegado del partido, todos eran de sector o, con suerte, de candidato. Entonces volví a sentir lo mismo que sentí en el 2009 cuando también fui delegado. Podremos ser más desorganizados, manejar menos recursos, mover menos aparato, como pasó esta vez sin ningún lugar a dudas, pero somos más. Incluso cuando somos menos, somos más.

Hoy en día el Frente Amplio es el único proyecto político que reúne importantes mayorías en el Uruguay. El resto, en caso de poder unir las fuerzas suficientes como para disputarle de verdad al Frente Amplio, lo harán siempre por oposición y no por proyecto propio. Creo que éste es un aspecto de la coyuntura política uruguaya al que no se le da la importancia que se debe a la hora del análisis. Porque esta coyuntura trae aparejadas importantes consecuencias, tanto a la hora de hacer campaña como a la hora de gobernar, ya que quienes se unen principalmente por oposición suelen tener mayores dificultades tanto para lo primero como para lo segundo, como ya hemos visto en varias oportunidades en la historia política más reciente de nuestro país. La irrupción y ascenso del Frente Amplio cambió para siempre el mapa político en el Uruguay, y será por mucho tiempo el eje de dicho mapa. Porque van a pasar muchos años para que la disputa electoral nacional deje de ser: el proyecto del FA versus sus opositores. Por eso pienso que se equivocan quienes aseguran que el Frente o bien pierde en estas elecciones o pierde en las siguientes. Se están olvidando de que cuando el debate está basado en tu proyecto y su oposición, podrás tener una carrera complicada, pero corrés con la fusta bajo el brazo.

Hoy, pase lo que pase, siento que ya ganamos. Porque hoy es uno de esos días que los frenteamplistas, más allá de las victorias o derrotas en batallas concretas, recordamos que nuestra gran victoria es el Frente Amplio en sí. Porque los logros no serían tan logros si no contásemos con músculo como para sostenerlos, ni los proyectos de cambio serían realizables si no contásemos con la fuerza necesaria para poder llevarlos adelante.

Por todo esto creo en el frenteamplismo. Y entiendo que el frenteamplismo es algo real y concreto. Amplio y diverso, pero concreto. Pienso además que el frenteamplismo es hoy en día en nuestro país la identidad política de izquierda más fuerte y arraigada. Es más, yo diría que ya es claramente más fuerte y arraigada que cualquier otra identidad política del país. Por todo esto y porque comparto el fundamento, marco conceptual y visión estratégica de su estructura: su programa, soy frenteamplista. También por su tradición, su simbología histórica, su mística, su aire esperanzador, me volveré a emocionar viendo flamear a la bandera política partidaria que más conmueve de este país. Quizás porque significa mucho más que una bandera. Desde el 26 de marzo de 1815, cuando el coronel Fernando Otrorgués ordenó izar la bandera artiguista en el sitio de Montevideo como señal de proclamación de la liga federal de los pueblos libres, al mismo tiempo que en otras provincias se izaba la misma bandera pero con diferentes diseños. Y más aún desde que el 26 de marzo de 1971 volvió a verse esta misma bandera flamear por Montevideo en acto triunfante. Siempre fue mucho más que una simple bandera, que un simple partidismo, que un simple bando.

En unos meses, cuando ya haya pasado el mundial y empecemos a correr en la recta final de la campaña, la calle, los balcones, las azoteas y las ventanas volverán a dar evidencia empírica al argumento que intento sostener en estas líneas. En unos meses, cuando lo que más veamos de los colorados sean carteles con un número y el nombre de pila de Bordaberry, cuando lo que más veamos de los blancos sean carteles con un número y los dos apellidos de Luis Alberto o el apellido de Jorge. En esos meses, lo que más se verá será nuestra bandera.

(publicado en facebook el 1 de junio de 2014)

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De todo un poco, como en botica... pero sin resaltar. Blog de opiniones personales de @elsantisoto (Santiago Soto)

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